Basta con darse de alta en las noticias de google utilizando la palabra "autismo" para empezar a recibir por correo todo tipo de artículos periodísticos al respecto de dicho término.
Gran parte de estos artículos refieren con mayor o menor fortuna a las personas diagnosticadas, clasificadas o denominadas bajo este término. Sin embargo, también se dan a menudo titulares y noticias donde el término autista es utilizado en el ámbito de la política o similar para indicar aislamiento o cerrazón, ya sea de personas o instituciones.
Esta terminología se da tanto en toda Latinoamérica como en España, es decir, no hay país que parezca librarse de este segundo uso "no deseado" del vocablo autismo.
Con respecto a este último significado, "autismo" puede indicar una conducta intencionada de alguien, generalmente un político, relativa al cierre sobre sí mismo (enrocamiento, cabezonería, el ignorar algo o alguien); puede indicar también una conducta de incapacidad propia (una tara) que impide ver algo o puede finalmente significar una mezcla de ambos fenómenos según la cual, el ignorar algo o a alguien haría imposible ver lo que sucede: "ojos que no ven, corazón que no siente".
En cualquiera de los casos, el símil "autista" se ofrece en forma de crítica negativa que puede calificarse directamente de insultante.
La reacción
Ante este panorama, en más de una ocasión, asociaciones, grupos o directamente padres o familiares han protestado ante los medios por el uso del término autismo más allá de las personas que lo padecen. Se pide a estos medios que impidan o censuren este uso dado el carácter peyorativo (o directamente insultante para que se entienda mejor) con el que suele ser utilizado:
Hay que tener en cuenta, y esto es muy importante, que en estas peticiones se reivindica, de forma directa o indirecta, el uso del término "autismo" sólamente para las personas así diagnosticadas por los especialistas.
Se niegan pues estas "conductas autistas" o su uso a las denominadas personas normales y por supuesto a instituciones, estamentos , partidos políticos, etc.
El modelo diagnóstico y sus consecuencias
Vista la situación, intentaré hacer comprender por qué es precisamente esta defensa del modelo diagnóstico la que refuerza el mal uso del término "autismo".
En otras ocasiones, nuestra página ha tratado la falacia del modelo diagnóstico, por ejemplo en Características de los autistas, artículo en donde se pone en duda tanto el uso del diagnóstico como sus principios.
Más allá de ello, uno de los efectos más perniciosos del modelo diagnóstico, es precisamente la estigmatización que genera como consecuencia su uso.
En primer lugar hay que comprender que la asociación de ideas, conceptos, etc., es parte esencial del aprendizaje de los seres vivos (especialmente los humanos). En segundo lugar, y relacionado con lo anterior, tenemos que comprender el error de relacionar, igualar o entender el comportamiento como cualquier otra enfermedad fisiológica.
En tercer lugar, tenemos la historia del uso de los términos diagnósticos, el qué ha pasado, y que, corrobora los dos puntos anteriores y demuestra que la etiqueta diagnóstica acaba convirtiéndose en insulto irremediablemente.
Revisemos pues estos tres puntos.
El fenómeno asociativo
Decimos que algo tiene el color del mar, que un objeto brilla como un espejo, que tal niño es una lumbrera, o tal vez que "está apagado". También decimos que algo huele a rosas o que un coche es o va a la velocidad de un rayo. Que un vaso esté medio lleno o medio vacío indica optimismo y pesimismo respectivamente.
Este uso del lenguaje nos es imposible dejarlo a un lado: apoya nuestro discurso, ayuda en la comprensión, proviene del aprendizaje de nuevos términos y conceptos, nos ayuda mediante el uso figurado, etc. En definitiva no nos podemos desprender de ello: Somos animales asociacionistas: imitamos, generalizamos, identificamos, asociamos, etc.
Por ejemplo en este párrafo superior se dan varios ejemplos sutiles de ello: "dejar de lado cierto lenguaje", aunque todo el mundo comprende lo que se quiere decir, también todo el mundo comprende que no significa que el uso del lenguaje es una cosa a la que físicamente apartas a un lado. "Apoyar nuestro discurso" por su parte, no significa que exista alguien debajo de ese discurso que "sostiene" o "aguanta" nuestro habla.
Lo que podemos observar pues es que las concepciones sencillas (por ejemplo el mundo físico de las cosas) y generales (con las que estamos más familiarizados) son necesarias y ayudan para establecer casi cualquier discurso.
En ocasiones, las similitudes, metáforas, igualaciones, comparaciones, generalizaciones, sustituciones, imitaciones etc., van teñidas por aspectos morales y éticos. Ahora bien, desde un punto de vista meramente asociativo sería y es bien normal presentar el color de una taza con el del cielo o la conducta de una persona taciturna con el autismo.
En el ámbito de las discapacidades, el fenómeno asociaciativo en base a la similaridad también es constante.
Nos ponemos "ciegos" indicando que comemos hasta el hartazgo, también cuando no escuchamos a los demás o incluso cuando bebemos en exceso. Directamente decimos que una persona no ve, pero refiriéndonos a un tipo de ceguera no fisiológica, si no "mental" (no hay peor ciego que el que no quiere ver). En este sentido, "la ceguera" se aproximaría al "autismo" en su uso más allá de su propio origen.
Una silla o una reunión están cojas cuando falta alguien o algo. No quedarse manco indica cierta asertividad, lanzarse a realizar u obtener algo. Quedarse mudo denota sorpresa, no tener palabras ante algo.
Es posible que el colectivo de discapacitados físicos se haya quejado alguna vez de usos tan dispares de las palabras que les atañen, sin embargo no conozco tal extremo. Tampoco parecen oirse quejas de los colectivos de ciegos, sordomudos, mancos o cojos a este respecto.
Curiosamente, mientras la discapacidad física ha dado lugar a estos otros usos del lenguaje, para la llamada enfermedad mental se han buscado primero aquellos términos que denoten cierta discapacidad (autismo es uno de esos términos).
Son estos términos, que ya de por sí, nacen peyorativos, aquellos de los que se pide que no sean utilizados como tales.
El esquema del nacimiento y uso de los términos en ambas discapacidades sería, a grosso modo, así:
Discapacidad física
Fenómeno discapacitante > creación de un nombre para la discapacidad > otros usos del nombre
Discapacidad mental
Fenómeno discapacitante (conductas) > creación de un término que denote discapacidad ("autismo") > aplicación del término discapacitante a ciertas personas > aplicación del término discapacitante a otros ámbitos
Por su parte, el fenómeno de la discapacidad mental nos lleva a otra vuelta de tuerca, cual es el tratamiento de la conducta como enfermedad "mental".
La conducta como enfermedad
Por motivos expositivos y didácticos nos focalizaremos en el llamado "autismo", pero los conceptos básicos serían válidos para otras enfermedades mentales tales como la depresión, la esquizofrenia, etc.
Origen del término autismo: un poco de historia
El término "autismo" fue acuñado en 1912 por el psiquiatra Paul Bleuler para indicar algunos de los síntomas de la esquizofrenia. Etimológicamente significa "acción o estado del yo".
Aunque se señala a Leo Kanner como el padre del término, lo cierto es que el vocablo proviene del mundo del psicoanálisis de Bleuer en una fecha anterior: Leo Kanner sólo importa el término, es pues el psicoanálisis el que lo crea.
Con el trabajo de Kanner, el psicoanálisis pareció aceptar la distinción entre esquizofrenia y autismo. La diferencia fundamental entre la versión psicoanalítica y la de Kanner es que en el primer caso existiría una voluntad del individuo por permanecer en un mundo de fantasía (aspecto sobre el que actuaría el psicoanálisis) mientras que Kanner sospechaba que el autismo tendría un origen orgánico o biológico. Kanner eliminaría pues este aspecto de encierro o escape de la realidad de carácter voluntario propugnado por el psicoanálisis.
Más tarde, el psicoanálisis se situaría a medio camino y se focalizaría en la madre (madre frigorífico) como la causante del autismo. Hoy en día, dadas las críticas y la falta de fundamento de esta idea, el psicoanálisis va desprendiéndose poco a poco de ella.
El error conceptual
De todos modos, e independientemente de que se haya descartado la voluntariedad del individuo por "ser autista", el concepto del autismo como enfermedad mental subsiste.
Curiosamente, el fenómeno asociativo es en gran parte también el culpable de que confundamos e igualemos las conductas, los comportamientos y las enfermedades: Las enfermedades (fisiológicas) implican algún tipo de minusvalía, daño, malestar, etc., son en definitiva, una alteración o afección de la salud. Por otro lado, determinados comportamientos implican o parecer implicar algún tipo de minusvalía, daño o malestar. También en definitiva algún tipo de alteración (nótese que esta alteración puede ser o está mediado por aspectos sociales, por ejemplo, del cómo comportarse debidamente).
No es extraño por tanto observar cómo se igualan ambos, comportamientos y enfermedades, y como la mayoría de la gente ni siquiera se plantea que pudiera tratarse de algo muy diferente.
El siguiente video del psiquiatra Thomas Szasz ilustra algunas de las problemáticas que supone esta igualación. Los errores del uso del diagnóstico aparecen también, como indiqué más arriba, en el artículo Características de los autistas.
La enfermedad mental como insulto a través de la historia
"Señores, su hijo aparte de ser imbécil, idiota y depauperado, tiene rasgos de histérico y amoral. La imbecilidad y la idioticia lo convierten en un loco enajenado, melancólico y demente.
Seguramente esta charla ficticia entre un psiquiatra y unos padres, si se produjera a día de hoy haría que el doctor fuera tildado de sinvergüenza, cruel, o cualquier otro adjetivo que denotara su falta de sensibilidad y respeto.
Lo cierto es que absolutamente todos los términos que se presentan en este ejemplo fueron algún día términos diagnósticos como hoy lo son "autismo" o "trastorno del desarrollo".
En el libro que aparece debajo de finales del siglo XIX se pueden encontrar múltiples expresiones similares que demuestran cómo esos términos pasarían de representar categorías diagnósticas en su tiempo a ser utilizados únicamente como insultos en nuestros días.
Qué hacer
Con el llamado autismo, pasa y pasará cada vez más, que, contrariamente a lo que se piensa, cuanto más se dé a conocer, cuanto más se difunda, mayor será su utilización para otros ámbitos de la vida.
Algunas personas indican como una posible solución utilizar términos no despectivos o que puedan inducir negatividad, pero el problema es que históricamente los términos diagnósticos no estaban pensados para tener el efecto con el que acaban siendo utilizados.
Es decir, más pronto o más tarde, o los términos diagnósticos desaparecen por sí solos o dejan de utilizarse en el ámbito diagnóstico al acabar en insultos.
En general, todo tipo de actuación que implique la acentuación del diagnóstico, inducirá al estatismo (a no hacer nada), un tópico del que hablamos por ejemplo en el artículo de Informe Semanal sobre autismo.
Igualmente nos deberíamos poner en guardia cuando se nos dice que existe un material para autistas, o se crean ciudades autistas, o se nos indican "las cosas que nos diría un autista" u oímos teorías como la denominada Teoría de la Mente y tantas otras que acentúan los síntomas dando así más fuerza a la etiqueta.
Decididamente la solución pasa más bien por educar a la sociedad, padres y profesionales incluidos, en la necesidad de no etiquetar la conducta humana y la necesidad de trabajar en problemas de conducta concretos y sus mejoras en vez de realzar los síntomas que concluyen en un diagnóstico.
Un niño con autismo no es explicación o definición alguna de lo que un analista de conducta puede o debe hacer para mejorar la vida de ese niño.
La comprensión de las características de lo que es la conducta y por ello el abandono del modelo de encasillamiento, harían que el problema del insulto cayera por su propio peso.


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autismo como insulto
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