Skip to Content

En el lugar del otro

Imagen de chicas con idéntico vestidoHace ya algunos años me comentaba un padre de un niño con trastorno de desarrollo que llevó adelante una prueba para comprobar cómo sentía su hijo.

El hijo se negaba a ir al baño a hacer sus necesidades lo cual resultaba una actitud de difícil comprensión para el padre que consideraba dicha acción "liberadora". 

En su incomprensión, el padre consideró que la mejor manera de identificar cómo sentía su hijo, y con ello, por qué lo hacía, era imitarle y "experimentar así lo que sentía su hijo"

Para llevar a cabo esta idea refrenó durante varios días sus ganas de ir al baño. Pensaba que entendería así la conducta de su hijo al sentir igual que él. En esos días contactamos el padre y yo. Me explicó lo que se había propuesto hacer y me pidió mi parecer.

Forma y Función

Recientemente, en un artículo sobre conductas agresivas explicábamos la diferencia entre forma y función de la conducta.

Claramente para este caso el padre había confundido las dos, algo muy común que sucede incluso a los profesionales del análisis de conducta en alguna ocasión.

El padre con su acción estaba simplemente imitando la forma de la conducta de su hijo, esto es, la retención de esfínteres. Sin embargo estaba muy lejos de imitar la función de la conducta de su hijo, la cual desconocía.

Para el niño, la función de esa conducta es posible que fuera debida a algún elemento aversivo de la misma, que buscara la atención mediante sus quejas o cualquier otra razón que desconocemos. Para el padre por el contrario la función de su conducta era la pura imitación. El acto del padre imitaba al del hijo en su forma pero distaba mucho de su función, por lo que difícilmente podría ponerse en su lugar. 

Aunque es cierto que las sensaciones fisiológicas podrían ser hasta cierto punto parecidas, la función de esa conducta no podría ser nunca ni parecida ni idéntica entre las dos personas.

¿Es posible ponerse en el lugar del otro?

Imaginemos ahora que el padre hubiera identificado la función de la conducta de su hijo. ¿Podría de esta manera ponerse en su lugar? 

La respuesta clara y concisa es no. No, uno no puede ponerse en el lugar del otro. El padre no puede por ejemplo, ponerse en el lugar de su hijo cuando este busca mediante su acto atraer la atención del padre, y esto más allá de que el padre no puede entrar en el absurdo de buscar su propia atención.

Podemos pensar que el niño busque por ejemplo la atención de la madre. La situación entonces se tornaría más rocambolesca: el padre debe tratar de llamar la atención de la madre y esta debe responder al padre del mismo modo como responde a su hijo. Además, aquí aún no habríamos solucionado el problema de la funcionalidad de la conducta, ya que el padre y la madre no estarían haciendo otra cosa que imitar la forma de la conducta. ¿Podria la madre imitar con el padre el trato que le da a su hijo? Sin duda, pero siempre seguiríamos hablando de imitar la forma de la conducta, no su función.

Otras consideraciones y términos

En este corto artículo se ha tocado únicamente una pequeña parte de la temática que envuelve este tema. Hay mucho más temas de los que hablar, por ejemplo:

  • Empatía: capacidad para reconocer emociones en los otros
  • Simpatía, sentimiento, contagio emocional, lástima, etc.
  • Toma de perspectiva
  • Imitación
  • Teoría de la Mente
  • Alexitimia, etc.

Hay que indicar que, al igual que para el ejemplo de nuestro artículo, en la mayoría de los términos de este listado, se da confusión conceptual sobre todo al mezclar aspectos emotivos con cognitivos y en estos últimos se da confusión debido a la propia problemática del mentalismo.

Baste recordar aquí que aunque es cierto que podemos desarrollar cierta, gran o ninguna capacidad para sentir emociones similares a otras personas en determinadas circunstancias,  en realidad la función de la conducta atañe sólo al organismo o sujeto único. Y recordar también que el análisis de conducta aplicado produce mejoras importantes en las poblaciones autista en cuanto al ámbito emocional.

Su voto: Ninguno Media: 4.4 (7 votos)

Comentarios

Sobre la pertinencia del constructo de empatía

Buenos días:

En primer lugar decir que este comentario es respuesta no específicamente a esta entrada sino a esta cadena de tuits (https://twitter.com/autismoaba/status/728159069786275840?s=03) con el fin de poder tener una discusión un poco más rica, ya que este debate me parece sumamente interesante.

Si lo entiendo bien, se hacen dos críticas fundamentales a la cuestión de la empatía en esta entrada: la confusión conceptual y la imposibilidad de la empatía cuando se alude a la función de la conducta. Intento dar mi punto de vista de cada una de las cuestiones:

1) Con respecto a la confusión conceptual, estoy completamente de acuerdo. En las definiciones (tanto científicas como legas) se mezcla la "empatía emocional" (experimentar una emoción similar a la que experimenta el otro) y la denominada "empatía cognitiva" (entender o poder describir qué emoción experimenta otra persona dada una cierta situación). En esta crítica estoy muy de acuerdo, ya que muchas veces ambos fenómenos se dan de manera bastante independiente y responden a procesos distintos.

No obstante, si hacemos un ejercicio de imaginarnos a nosotros mismos en una situación determinada y de analizar las consecuencias aversivas que para nosotros tendría esa situación ("empatía cognitiva") será más probable que experimentemos una emoción determinada (elicitada por los pensamientos e imágenes anteriores). Que esa emoción sea congruente o similar a la que experimenta la persona que realmente ha experimentado esa situación, puede ser o no cierto, pues obviamente dependerá de las semejanzas y diferencias en las historias de aprendizaje, y por tanto lo que a uno le puede generar un gran dolor a otro le puede generar indiferencia. No obstante, y aunque en la clínica o la terapia hacemos análisis funcionales individualizados y nos centramos en las características específicas de cada persona y su historia, también es cierto que hay muchas similitudes en las macrocontingencias de personas de contextos próximos y en sus historias de aprendizaje, lo cual hace más probable que imaginar las circunstancias de otro nos haga experimentar emociones similares. Esto será más probable en la medida en la cual pensemos o imaginemos no únicamente en las circunstancias actuales sino en la historia de contingencias que ha llevado hasta el momento presente (p. ej., si la otra persona ha pasado por otros acontecimientos vitales estresantes similares en el pasado, tiene unas circunstancias familiares complicadas, o lo que fuera).

Me parece especialmente interesante esta línea de investigación (http://www.cogsci.ucsd.edu/~pineda/COGS171/readings/Heyes%202010.pdf) en la que se propone que las neuronas espejo no son una estructura cerebral "innata" sino que estas neuronas adquieren su función por medio del aprendizaje. Mi lectura es que durante la interacción social en humanos resulta útil ser capaz de predecir, imitar y comprender las acciones de los otros (y dado que tales acciones con frecuencia están discriminadas por fenómenos encubiertos del otro, ser capaz de predecir tales fenómenos encubiertos también tiene una utilidad).

2) Con respecto al tema de la imposibilidad de experimentar empatía cuando se alude a la función de la conducta, efectivamente planteado así es un absurdo. No obstante, la empatía es con respecto a la forma (expresiones de tristeza, angustia... como pueden ser el llanto, el tono de voz, ciertas verbalizaciones) y no con respecto a la función. En este sentido, creo que lo que tenemos que tener en cuenta es que la respuesta de empatía se aprende porque resulta útil a los seres humanos, como un heurístico para predecir y comprender las acciones de otros. No se aprende porque resulte útil para los analistas de conducta.

En otras palabras: la respuesta empática a) no tiene por qué ser perfecta ni adecuada (puedo angustiarme ante una situación que el otro está viviendo con despreocupación, debido a tener distintas historias de aprendizaje), b) incluso cuando sea adecuada, no siempre va a discriminar comportamientos eficaces por mi parte (por ejemplo, angustiándome ante el sufrimiento del otro puedo reforzar sus quejas o incluso retroalimentar su angustia). Pero pese a eso, es un mecanismo que (como sucede con los heurísticos) sin ser perfecto tiende a resultar útil en muchas situaciones a falta de un análisis racional más detallado que requiere un entrenamiento en análisis de conducta que no está al alcance de todo el mundo. Por ejemplo, que los padres lo pasen mal con el llanto del bebé les ayuda a estar atentos a averiguar qué necesidades tiene, aunque en ocasiones pueda generar un estrés que les imposibilite actuar de forma eficaz o pueda dar lugar a largo plazo a situaciones de refuerzo perniciosas para el niño, pero de manera general tiene más ventajas en términos de garantizar la supervivencia que inconvenientes.

Defender la utilidad del constructo de empatía (porque es una respuesta que tiene una función social clara y porque, de hecho, tiene lugar en el ser humano y como tal debe ser científicamente estudiada) no es lo mismo que defender que la empatía es como quien tiene un martillo y cree que todo son clavos.

Este es a grandes rasgos mi punto de vista sobre por qué hablar sobre empatía no es incompatible con el análisis de conducta. No obstante, reconozco que puedo estar muy equivocada porque estos temas conceptuales son complejos, así que estaré encantada de conocer vuestras opiniones y seguir debatiendo esta cuestión. Gracias sobre todo por hacerme partícipe de vuestra reflexión.

Imagen de Administrador

Definiciones, convención, contexto y emociones

Estimada Irene, 

Empatía, es ciertamente un término polisémico que en psicología, desafortunadamente como tantos otros, se utiliza de múltiples modos.

En mi escrito aludo que empatía sería la capacidad de reconocer emociones en los otros. Y de hecho, el artículo no toca la empatía, la deja un lado bajo esa acepción. Esta definición es además muy diferente a un "ponerse en el lugar del otro".

También aquí es necesario tener en cuenta que el artículo trata de llegar al público en general, en este caso y principalmente, padres con niños bajo diagnóstico de TEA, por lo que no entra en demasía en detalles conceptuales y se centra más bien en la importancia del análisis funcional. 

Creo que es obvio que el ponerse en la piel de prójimo, es algo imposible desde la literalidad. Aún así se llega a sostener como cierta dicha posibilidad en según qué opiniones. 

Por otro lado, es también obvio que "tener" la capacidad de responder adecuadamente en según qué contextos, es algo socialmente apreciado y por ello se convierte en una meta. Aquí estaríamos hablando en parte de la convencionalidad y de los aspectos sociales de ello. 

Así, "comportarse adecuadamente" significa todo un conjunto de normas sociales, en las que la empatía, ahora sí, como capacidad para reconocer emociones en otros, es reforzada por la comunidad.

Aquí es necesario también tener en cuenta parámetros contextuales y situacionales que hacen que por ejemplo, responder de tal o cual manera sea regido por dichos contextos. Por ejemplo, de una persona que se cae al suelo, podemos sentirnos concernidos o puede producirnos risa según qué contextos y momentos puntuales.
La variedad aquí es muy grande y dependiente de múltiples parámetros, ya no sólo de contexto sino también personales.

En todo ello observamos la complejidad de actuación y también un tipo de comportamiento claramente regido por el aprendizaje.  

Sobre el estudio que mencionas relativo a las neuronas espejo, en general va muy de acuerdo también con mi postura, en este caso siendo las neuronas espejo un producto, no un sistema neural. Recomendaba en twitter el libro El mito de las neuronas espejo . La autora del artículo y el del libro van también parejos en su parecer. 

En su día, seguí toda la "revolución" que supusieron las neuronas espejo y toda la esperanza que abrían al ámbito del autismo. Mi escepticismo se convirtió en certeza al ver al cabo de los años que no ya sólo había errores conceptuales de bulto, sino al comprobar a través de los años que el globo se pinchaba y acababa como tantos otros "breakthroughs" sobre autismo, abandonado. 

Con respecto a los aspectos emocionales, de nuevo tenemos que ser precisos: No es lo mismo ser capaz de identificar emociones en otros que experienciar emociones, las cuales además pueden ser o no relativas a las de los demás. 

Tal como considero las emociones, esto es, como producto de la conducta, resultan a veces útiles y a veces no. De hecho, ante la pérdida de un ser querido de un amigo, parece más conveniente demostrar concernimiento mediante la capacidad para discernir dolor en ese amigo, que tratar de ponerse en su lugar.

Este segundo caso, tal vez sería más bien un: en otras circunstancias similares he experienciado o he aprendido, directa o indirectamente, un sentimiento de dolor. La situación actual, evoca por asociación respuestas emocionales similares, las cuales pueden o no ayudar a conllevar la situación actual. Sin embargo, no estamos en caso alguno poniéndonos en la piel del otro, por mucho que fantaseemos en ese sentido. 

De nuevo, según lo que entendamos por empatía, estaremos refiriéndonos a aspectos muy diferentes con implicaciones dispares. 

En el ámbito del autismo se suele indicar una incapacidad para empatizar con los demás. Dada la mediación de aspectos convencionales y contextos complejos no es difícil pues pensar que un tipo de repertorio conductual así, complejo, sea difícil de obtener o instaurar. Al fin y al cabo, la empatía, tal como se define en esta respuesta, no tiene otra sustancia que la social. 

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.


Dr. Radut | story