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Procedimientos básicos para el aprendizaje: Principio de aplicabilidad

niño jugandoDesafortunadamente las escuelas han ido cerrando sus puertas al mundo cotidiano en el que se desenvuelve el alumno. Este es un problema muy grave que padecen casi todas las escuelas de casi todos los niveles educativos.

El problema además no sólo es del país, es mundial y contra el cual, la enseñanza activa ha pretendido generar una opción diferente cuyo procedimiento atiende algunas características relacionadas al aprendizaje por descubrimiento (Shulman y Keislar, 1978), pero se basa fundamentalmente en la teoría del comportamiento expuesta por Jacob Kantor y Smith (1977) y se ha desarrollado por otras personas (Varela, 2002).

Ante el inicio de la exposición de un tema nuevo, frecuentemente el alumno cuestiona a su profesor ¿Y eso para qué me va a servir? Las respuestas de los profesores son completamente desalentadoras:

1. Para el día de mañana, cuando seas profesionista.

2. Porque así lo marca el programa.

3. Yo estoy de acuerdo, esto no sirve para nada pero lo tenemos que revisar.

4. Porque va a venir en el examen.

5. Para que seas una persona culta.

6. Porque quiero.

!Et caetera!

Para los alumnos del nivel básico, medio superior e incluso superior, estas respuestas probablemente no tengan significado alguno o les sean inaceptables. Contribuyen al hastío, indiferencia o rechazo del alumno ante el conocimiento.

Los conocimientos se han escolarizado a tal grado que parece ser que los conocimientos de las ciencias naturales, de las ciencias sociales, del español, de las matemáticas, etc. existen sólo en los libros de texto. ¿El texto de Geografía es la Geografía? ¿El texto de Química es la Química?

Los profesores hemos caído en esta trampa y aunque no lo expresemos, muchas veces nuestra actitud corresponde a esa forma de considerar al conocimiento, esto es, como algo que sólo está en los textos y sirve para aprobar un examen. Véanse nuevamente las respuestas 2, 3, 4 y 6 arriba descritas y encontraremos esta actitud de manera velada.

Debemos de trastocar nuestra actitud y conocimiento. No son los libros de texto los que originan a las ciencias y disciplinas sino que los conocimientos propios de las ciencias y disciplinas son los que originan a los textos y programas que enseñamos.

Las ciencias y disciplinas no están inventadas para torturar a los alumnos, ni tampoco son producto de las alucinaciones de los científicos. Las ciencias y las disciplinas son conjuntos de conocimientos que han sido formalizados a partir de una realidad en la que todos vivimos día a día. El alumno, el profesor y el científico viven en el mismo mundo.

El científico es capaz de reflexionar teóricamente respecto a lo que él hace, por tanto, nuestra meta escolar debería ser el enseñar a que los alumnos reflexionen cada vez en forma más científica sobre lo que hacen y lo que les rodea.

Esto puede sonar a un mero discurso de los rectores de las grandes universidades o de los altos funcionarios de gobierno que tienen que ver con la administración de la educación en cualquier país. Pretendemos estar muy lejos de esos planteamientos ¿Cómo? Muy sencillo.

Veamos el siguiente diálogo entre el Profesor Prócoro y sus alumnos de quinto grado, para ilustrar nuestro principio de aplicabilidad:

 

- ¿Quién se ha subido al techo de su casa? -pregunta Prócoro

- !Yo! -responden casi todos los alumnos del grupo.

- ¿Y qué hay en el techo de su casa?

- !Grillos!  

-Latas de refresco  

-Cilindros de gas 

- Basura 

- Tinacos   -responden desordenadamente los alumnos.

En el momento en que uno de los alumnos dijo "Tinacos", Prócoro dice:

- !Tinacos! !Tinacos! ¿Y qué tienen los tinacos?

- !Agua! -dicen casi a coro los alumnos.

- ¿Y cuántos litros le caben a su tinaco?

- No sé  

-Quinientos  

-No sé   

- Doscientos  -dicen algunos de los alumnos.

- Bueno, vamos a averiguar cuantos litros le caben. Para esto van a medir lo que tenga de ancho su tinaco y la altura del mismo. Cuiden que les ayude un adulto y que su medición sea muy precisa.

 

Al día siguiente, con las medidas de los tinacos que lleven los alumnos, el profesor les enseñará la manera de saber cuántos litros de capacidad tiene cada tinaco procediendo en primer lugar con los que tengan forma cilíndrica.

Analicemos ahora las características de nuestro ejemplo. El profesor empieza aludiendo a algo que sus alumnos han hecho: subirse a los techos de sus casas. Pide que identifiquen algo que conocen: los tinacos.

Y les pide que hagan algo que se supone, ya saben hacer los alumnos de ese quinto grado: medir el ancho y la altura de un objeto (en este caso cilíndrico o de un prisma rectangular). A partir de esas experiencias, el profesor ahora les ayudará a que esas mismas se acrisolen en un nuevo conocimiento: sacar volúmenes de cilindros.

De esta manera, la operación para sacar volúmenes, es integrada a la vida cotidiana de los alumnos, no es solamente un nuevo tema, aburrido y estéril, del programa de matemáticas.

En este caso, sacar volúmenes implica subirse al techo de la casa, hacer mediciones y luego hacer cálculos. Una vez que los alumnos hayan encontrado los volúmenes de los diversos tinacos, estarían en posibilidad de generar nuevas preguntas y experiencias: ¿cuántos litros gasta la familia diariamente? ¿cuántos litros se requieren para bañarse? ¿para qué actividades alcanza un tinaco lleno de agua? etc.

Obviamente en nuestro ejemplo se implica en primer lugar el trabajo sólo con tinacos en forma cilíndrica pero la actividad se enriquecería si existieran tinacos con otras formas. Al proceder de esta manera, el Profesor Prócoro ha contribuido a que sus alumnos incorporen el concepto de volumen y el cálculo de éstos en su vida cotidiana.

Los profesores de español podrían actuar en forma semejante si, por ejemplo, pidieran analizar los enunciados de una telenovela; los profesores de geografía podrían pedir a sus alumnos registrar la temperatura durante una semana en el mes de septiembre, diciembre y marzo; podrían aprender el significado de lo que dicen las canciones en otro idioma y que son las preferidas por los alumnos; podrían analizar el trabajo mecánico y la palanca por medio de un gato para carro.

Se puede proseguir con ejemplos en todas las áreas de conocimiento que se imparten en la educación puesto que, como se dijo, los conocimientos de la ciencia y del arte son extractados de nuestras prácticas cotidianas.

El Principio de Aplicabilidad consiste de los siguientes pasos.

1. Tener un conocimiento general de cuáles son las actividades extraescolares que realizan los alumnos.

Esto implica un interés por las actividades que el alumno efectúa diariamente al salir de la escuela. ¿Qué programas de televisión observa, qué música oye, en qué juegos se involucra? ¿Qué oficio desarrolla?

 

2. Identificación de los términos y usos lingüísticos.

¿Cuáles son las expresiones que usa para referirse a las actividades que le interesan? No es simplemente un inventario del léxico frecuente en los estudiantes, sino la comprensión de que ése es el lenguaje que ellos utilizan en situaciones en las que ellos desempeñan un papel activo, como un Referidor (Hablante) y ante las que puede actuar como Referido (Escucha). De esta manera, se sugiere que el lenguaje que emplee el profesor al iniciar un tema, sea aquel con el con el cual sus alumnos puedan entender (interactuar referencialmente) sin problema alguno.

Contrariamente a lo anterior, es típico que un profesor llegue al salón y diga:

"Hoy vamos a empezar a revisar los complementos circunstanciales"

"Nuestro tema de hoy es la taxonomía del reino animal"

"Iniciaremos esta semana con los Elementos no metálicos"

"Los números racionales son aquellos que..."

Si se trata de un nuevo tema es patente que a los alumnos les da igual que el profesor diga cualquier término, ya que no pueden interactuar lingüísticamente bajo estas circunstancias. Se debe recordar la máxima: Lo nuevo se aprende a partir de lo conocido

 

3. Seleccionar una situación en la vida cotidiana de los alumnos el la cual esté implicada una o más condiciones o parámetros relacionados al tema que será tratado a continuación, de acuerdo al programa.

Como profesores parece olvidársenos que la mejor motivación que pueden tener los alumnos es relativa a las actividades que ellos extraescolarmente efectúan en forma totalmente voluntaria. Si el profesor retoma alguna de éstas para iniciar su exposición, esto brindará grandes posibilidades para la motivación de los alumnos. La labor importante del profesor es elegir una situación cotidiana en la cual se aplique la fórmula, regla, principio o convención que se pretende enseñar y que el alumno aprenda.

 

4. Durante la clase, inducir a los alumnos para que hablen acerca de la actividad elegida por el profesor.

El profesor creativo encuentra por lo menos una situación que puede idear para exponer durante la clase y que sirva como instancia (ejemplo) del concepto a enseñar. De esta manera, la interacción lingüística que se establece entre el profesor y sus alumnos surge de la cotidianeidad de éstos por lo cual, no requiere del empleo de interacciones complejas que pueden no ser del dominio del estudiante y sí en cambio, el alumno pueda interactuar como Hablante (Referidor) y Escucha (Referido).

 

5. Construcción dirigida del problema con base en la interacción con los alumnos.

La interacción que se establece entre profesor y sus alumnos permite a aquél ir estableciendo en forma gradual los elementos (propiedades definitorias) que son importantes para la consecución del objetivo a enseñar. Dichos elementos están determinados por la naturaleza de cada problema pero gracias al señalamiento, el profesor va dirigiendo la atención discriminativa de los estudiantes hacia dichos factores que son precisamente las propiedades definitorias.

 

6. Resolver el problema propuesto.

Una vez que estén configurados todos los elementos definitorios del problema, la labor del profesor consiste en poner las condiciones necesarias para que sus alumnos respondan ajustivamente ante situaciones que suponen relaciones más complejas. Esto puede lograrse si el profesor pregunta: ¿y cuáles son las características que constituyen el problema? Este tipo de preguntas contribuyen sobremanera al desarrollo psicológico de sus estudiantes y además, eliminan la práctica casi estéril de la repetición.

 

7. Requerir la descripción de los elementos comportamentales y estructurales del problema después de su realización.

Una vez que se resolvió el problema, el profesor solicita a sus estudiantes la identificación y descripción de los elementos relativos tanto a su propio comportamiento -qué fue lo que hicieron- como de aquellos que estructuran el problema resuelto -propiedades definitorias. Este tipo de interacción requiere de un ajuste funcional psicológico que es superior al que comúnmente ocurre en los salones de clase.

 

8. Formalizar la regla, definición o fórmula mediante la cual se resolvió el problema.

Efectuado lo anterior, el alumno ahora puede formular, mediante lenguaje formal (simbólico), la regla que se aplicó en cada caso particular. Psicológicamente esta interacción se conoce como "reflexión teórica" o simplemente "teorizar" que, aun siendo muy compleja, los alumnos pueden realizarla si se sigue el procedimiento aquí indicado.

 

9. Identificación de otras situaciones donde se pueda aplicar la solución encontrada especificando cuáles son las condiciones similares.

Como lo señala Gilbert Ryle (1949), el discurso didáctico debe ser dirigido no para que el alumno repita su comportamiento ante situaciones similares sino para un volver a hacer en condiciones distintas pero que se refieran a la misma regla. Así, el profesor debe impulsar la aplicación de la regla o fórmula en situaciones diferentes auxiliándose para esto mediante la proporción de problemas cuyas condiciones sean variantes de la misma regla. Este tipo de actividades se conoce coloquialmente como "aplicación del conocimiento" y con ellas se favorece el surgimiento de interacciones psicológicas consideradas como las más complejas a las que aspira el ser humano.

El ejercicio de este Principio de Aplicabilidad requiere gradualmente del profesor un interesante y necesario proceso: descubrir por sí mismo la regla o principio que va a enseñar. Esta es la base del autodidactismo que, en caso de ocurrir, el profesor estará en posibilidad de enseñarlo a sus estudiantes.

De otra forma, fomentará la memorización, la repetición, el conocimiento simulado, la adquisición de vocabulario como sinónimo de conocimiento, logrando que sus alumnos hablen de lo que desconocen.

Cabe hacer notar que la práctica de este Principio es en ocasiones difícil de lograr pues los profesores hemos estado expuestos generalmente a métodos tradicionales cuyo punto de partida es el lenguaje formal o simbólico.

La práctica rutinaria, repetitiva y monótona como método para el aprendizaje ha obstaculizado no sólo el mejoramiento de la educación sino el desarrollo psicológico de todos los alumnos que finalmente es el punto medular de nuestro quehacer educativo.

Con este procedimiento se favorece la formación del alumno, no para cumplir con los criterios formalistas de la escuela sino para que el individuo desarrolle su potencial psicológico referido a su realidad social, sea cual sea.

Si bien esta forma de pensar para lograr el desarrollo de los programas puede ser novedosa para muchos profesores, es la más correcta, la más efectiva y cumple con una máxima de la enseñanza activa: Sed vitae non scholae discimus (No aprendemos para la escuela sino para la vida). La escuela tradicional enseña a sus alumnos a resolver un examen o a pasar de grado pero difícilmente enseña a sus alumnos a pensar y a conocer de mejor manera la cotidianeidad, como personas en formación.

La gran diferencia con el procedimiento que usa el profesor tradicional es que en este caso, se emplea en primer lugar un ejemplo y a partir de él, se elabora la regla, definición o fórmula. El profesor tradicional en cambio, primero enseña (dice) la regla, definición o fórmula y posteriormente, si le alcanza el tiempo, revisa algunos "problemas".

En nuestro ejemplo inicial, lo conocido eran los techos, los tinacos y hacer mediciones. Lo nuevo se construirá con base en estos elementos. Debemos enfatizar que al hacer uso de este Principio de Aplicabilidad, los alumnos son fácilmente motivables y, sobre todo, los alumnos no harán la pregunta ¿Y eso para qué sirve?

 

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Dr. Radut | book