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Prohibido prohibir

Cuando ví aquel libro en la estantería, en la sección de autismo, mi enfado se elevó a niveles demasiado altos.

Ya el descubrimiento de otros textos de dudosa valía y el constatar la inexistencia de al menos un texto serio, me habían predispuesto hacía esas emociones que ahora bullían en mí. 

El sentimiento hacía el texto de Bruno Bettelheim "La Fortaleza Vacía" era de puro odio. Odio de ver que un autor totalmente denostado que resultó ser todo un fraude tanto en lo personal como en lo profesional: Véase por ejemplo aquí (o aquí para un artículo muy bueno al respecto del Dr. Valero), todavía seguía apareciendo en las estanterías de una conocida cadena de librerías.

Odio hacia el personaje que había culpado a las madres del "mal" de sus hijos. No era ya sólo que se hubiera inventado sus títulos, exposiciones y experiencias, era todavía algo más. Odio mezclado con miedo de que ese libro pernicioso acabase en las manos inadecuadas.

Rápidamente por mi cabeza pasaron diversas opciones: comprar las dos copias para que dejaran de verse (pedirían seguramente más), romper el libro, esconderlo detrás de otros para que no se viera...

Finalmente opté por una decisión más sosegada: dejar el libro donde estaba y recurrir a Internet para informar al público del peligro de este personaje y de sus ideas. 

No era el único, múltiples personas, profesionales y padres ya conocían y despreciaban la labor de este sujeto. El "peligro" se había difuminado sobremanera. Véanse si no, las opiniones en Amazon que el texto arroja.

Comprendí en aquel entonces que una sociedad informada alcanzaba mayores cuotas de libertad:

"El conocimiento os hará libres"  

La clave era y es la educación y su acceso. Enseñar qué tratamientos no poseen evidencia o por qué tal o cual tratamiento no tiene sentido. 

Explicar por qué la tecnología por sí sola, no produce mejora, o por qué suele ser desastroso aplicar los principios de conducta cuando no se entienden:

Hacer algo no es mejor que no hacer nada cuando no se sabe qué se está haciendo.

Aún con todo ello, no todo el mundo está de acuerdo, ni uno espera que lo estén: El mundo sería demasiado aburrido con el pensamiento único.

Recientemente hablaba de un congreso sobre "autismo y aba" que me parecía bastante censurable, tanto en gran parte de su contenido como en parte de sus ponentes. Es seguro que no me granjeó amigos entre los seguidores del evento, pero esta es una opción personal que escogí ya hace tiempo.

Una estrategia distinta, y aquí vamos al "prohibido prohibir" del título, podría haber sido el boicotear este congreso, o el libro sobre la sanación de la homosexualidad, o aquello que a uno no le plazca, con el fin de que no se vea, de que no aparezca a los ojos de los otros.

Se suele aprender más de los errores que de los aciertos y este es un caso más, por lo que desgraciadamente perderíamos toda una opción de mostrar, tanto aquello que consideramos erróneo y por qué, así como poder relatar "la supremacía" de nuestra opinión.

En estos días, ciertos grupos de presión han optado por la opción prohibitiva (fenómeno que va in crescendo). Así se ha dado en el caso del libro "Comprender y sanar la homosexualidad", un texto ciertamente aberrante en el que se sigue viendo la homosexualidad como una enfermedad curable.

El tratar a la homosexualidad como una enfermedad no es algo de un pasado lejano. Hasta hace relativamente poco, cuando todavía campaba el DSM III, podíamos verla en el listado de patologías mentales. También gracias a grupos de presión, se eliminó dicha "enfermedad" en la votación para la creación del nuevo DSM. 

La cuestión es que este grupo de personas a través de su petición han conseguido que el texto lo retiren de sus estanterias cibernéticas al menos dos grandes grupos, cual son La Casa del Libro y El Corte Inglés. El tercero, amazon.es aún resiste aunque no se sabe por cuanto tiempo.

A pesar del repudio que profeso a libros como este, al igual que para el caso de Bettelheim, no quisiera que desaparecieran así de las librerías. No quisiera que se corriera un tupido velo sobre ellos, como si no hubieran existido. Como si nunca hubiéramos errado o nunca hubiera habido personas que pensaran de tales maneras. 

El desconocimiento de estas ideas, por estar "ocultas" nos hace perder una ocasión divina para demostrar sus falacias y errores, para que todos aprendamos y no caigamos en sus redes, para que no creemos burbujas de bienestar en el que todo es perfecto porque alguien se ha encargado de que así sea. 

Un caso distinto a estos se ha dado a la par que estos con la ley SOPA americana. Se trata de una ley que pretender coartar las libertades de los ciudadanos. Una ley, aún más patética que la llamada ley Sinde.

Sin entrar a valorar los detalles de estas leyes, un proveedor de Internet, GoDaddy, indicó en su día su parecer positivo hacia esta ley. De nuevo, grupos de presión, solicitaron a la gente que hospedaba sus servicios en esta empresa que los sacaran de la misma. 

Las pérdidas han sido inmensas y GoDaddy ha tenido que rectificar completamente el rumbo y admitir su error.

¿Vemos la diferencia con lo anterior o la tengo que explicar? En este último caso soy yo  quién decide a quién o qué financio mientras que en los anteriores, alguien decide por mí qué es lo que debo y no debo ver o comprar.

No quisiera acabar el artículo sin volver sobre el mundo del psicoanálisis y el revuelo causado por la película El muro en la que los psicoanalistas franceses, dado lo absurdo de sus propias declaraciones, tratan de parar esta película-denuncia con las mismas armas que se están utilizando para el libro de la homosexualidad. 

Es tarde ya, incluso en Francia, territorio psicoanalítico, gracias a la información bien presentada, los proponentes de este paradigma para el autismo, no ya quedan sólo en entredicho, pero francamente ridiculizados. 

Imaginemos que estos psicoanalistas consiguieran la prohibición que consiguieron los de más arriba. ¡Qué pérdida y qué vuelta al oscurantismo del que intentamos salir!.

¿Quién quiere un mundo así?

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Comentarios

Nadie.

Nadie quiere un mundo así. Hola Jorge, ha sido un excelente post el que publicas. Cuando sucedió el auge de los antivacunas, con verguenza tengo que decir que fui una de sus seguidoras y cuando todo quedó expuesto como un fraude me convertí en una exceptica total de curas milagrosas, terapias exóticas y cualquier forma de explotación económica del autismo. No sabía lo de la actríz pero si de la extraña relación indigo-autismo, que loca!!!

Por acá de nuevo visitando el site y espero que sigas colocando bajo la lupa temas como estos.

Un enorme saludo y un año excelente.

Angela Corredor.

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Muchas gracias Angela

La verdad es que necesitamos mamás y papás como tú que nos apoyen un poquito.

Con el escaso tiempo que uno tiene, sin encima no recibe apoyos, la tasa de respuesta se reduce considerablemente pudiendo llegar a la extinción de ese conducta. wink

Prohibido prohibir pero que tal excluir?

Muchas gracias por su post.

Como estudiante me ha servido mucho leer que si, que se aprende mas de los errores que de los aciertos.

Pero cuando en la universidad no veo sino estanterías llenas de libros escritos por psicoanalistas, y que en los curso y seminarios no hacen mas que alabar estos escritos y ponerlos como el ejemplo, me pongo nuevamente a dudar.

Si, es verdad que comprender las teorías psicoanalíticas es importante para entender su error. Pero que me las sigan presentando como una verdad absoluta y sobretodo que no me presenten otras alternativas me hace dudar. No seria mas útil simplemente excluir de la formación universitaria la psicoanálisis? Prohibirla no, en eso le doy la razón, debe ser prohibido prohibir, pero .... simplemente excluirla?

Imagen de Administrador

exclusión y prohibición

Estoy de acuerdo contigo en cuanto a la exclusión. 

Al menos en la UNED en mi etapa de estudiante se excluía el psicoanálisis como ciencia, aunque sí estudiábamos al respecto dentro de la asignatura de historia de la psicología, pero siempre como ajena a lo científico. 

Es evidente que el psicoanálisis debería estar proscrito de las facultades como parte de la psicología científica. Y también es evidente que mi posición propuesta en el artículo daría pie a aquel que quiera discutir o aprender acerca del psicoanálisis, no poniendo en la hoguera sus libros para que la gente conozca o discuta acerca de ellos. Una cosa es obligar a leerlos y otra esconderlos o prohibirlos para que nadie los vea. Hay bastante hueco entre ambas posturas.

 

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